El mar rememora y la vida pesa, Manchester frente al mar, Kenneth Lonergan (2016)
- Diana C.
- 28 nov 2019
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 17 dic 2019

La vida puede ser bastante abrumadora y rutinaria cuando el pasado pesa constantemente, incluso llevando a la persona al letargo indiferente, callado, desdeñoso. Así es Lee, un hombre que va de hogar en hogar realizando reparaciones y oficios varios mientras carga su vida como un lastre. Se le ve cansado, susceptible, estalla de pronto y uno se pregunta “¿Por qué rayos se comporta así?” El drama mismo que habita la historia responde a esa pregunta de una manera fantástica desde el montaje: Dando saltos de recuerdo en recuerdo, convirtiendo una siesta en un sueño apesadumbrado que rememora a los fallecidos, pasando de la dulce niñez en el mar a la problemática adolescencia que ondula como aguas turbulentas.
Lee ve interrumpida su estancia en Boston a causa de una llamada: Su hermano ha muerto y tendrá que viajar a Manchester para hacerse cargo de su sobrino Patrick. En parte, en esta relación subyace todo el relato, pues es a través de la convivencia con Patrick que Lee comienza a recordar su vida matrimonial años a tras, a su ex esposa y a sus hijos que no están junto a él; por su parte Patrick, en plena efervescencia adolescente, se ve afectado por la muerte de su padre y mantiene una actitud conflictiva con la que Lee deberá lidiar, aunque este último, aparentemente calmo, no se queda atrás en reacciones inesperadas como gritos o puños.
No todo es triste en el filme, hay algo que une a ese tío frívolo al que todo el tiempo lo persigue su pasado en llamas, y a Patrick, ese joven iracundo y seductor: Aman el mar, aman sus recuerdos en él y nada les causa mayor satisfacción que un paseo en bote, como si se lavaran las penas y la brisa se llevara el dolor dibujado en los rostros cargados de muerte. El reto de Lee es grande, pues lleva siempre a cuestas una especie de amor reprimido y una mancha de irresponsabilidad que lo acosa, enfatizándose aún más con la situación inesperada de cuidar a su sobrino.
Hay que mencionar que algunas discusiones realmente sobran en el relato, pues no hacen avanzar la historia, además, acompañadas de música dramática se ven forzadas a causar lo que las interpretaciones realmente no logran, como si intentaran a gatas trasmitir el dilema que sufre Lee, pero sin convencer. A veces la película tienta a pararse de la silla para ir a hacer cualquier otra cosa a causa de un gran adormecimiento, mas es pasajero; pues la fuerza de las cosas cotidianas simbolizando grandes problemáticas psicológicas mantienen la tensión del espectador, una de esas grandes imágenes es la equivalencia entre un cadáver y una presa de pollo refrigerado, que fluidamente ocasiona cercanía y complicidad entre Patrick y su tío. En esencia, esta película es una historia de corazones rotos a los que los han helado los sucesos, pero siguen – como quien no quiere la cosa- con una pequeña esperanza.
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